NOSTALGIA DE CARAMELO DE FRESA

En esto de explorar distintos tipos de condones, una no se da cuenta y vuelve a antiguos pasatiempos infantiles como coleccionar esquelas, stickers o tazos. Aunque en el caso particular de los condones, se me vienen mucho más a la mente las esquelas, porque no sólo las coleccionaba por sus diseños sino que también por sus aromas. Y resulta que a la hora de comprar condones, justamente me fijo mucho en sus diseños, si acaso son bonitos, muy toscos o fomes como una boleta digital calcada sobre un sachet color blanco remedio. Pero por muy fome que sean a veces, igual compro un par… Total, esquelas fomes también tenía.

Ahora, obviamente, esquelas bacanes sí tenía también. Mis esquelas favoritas, por lo general, eran las que tenían aromas. Había una en particular que olía a caramelo de fresa y podía hundir mi nariz en ella durante minutos hasta que se me acabara el olfato. Y es que me encantaba ese aroma penetrante de caramelo de fresa. En esos tiempos ya eran muy populares los Loly, que eran precisamente paletas con sabor a caramelo de fresa. La industria del azúcar refinada evolucionó y luego salieron los Goyak, los Bowling y los Bonbonbum. Hasta el día de hoy, de vez en cuando me compro alguno, y los chupo con tanto ímpetu que me llegan a salir heridas en el paladar. Y es que no sólo es el olor que se ha perfeccionado con los años, sino que también, el aroma ¡Ese aroma tan exquisito! Tan exquisito que de lo único que me dan ganas es de chupar la paleta hasta no dejar nada. Morder y chupar el palito hasta que quede blanco.

Y bueno, en esto de explorar distintos tipos de condones, un día con mi pareja de ese entonces decidimos probar algunos con sabor. Como buena coleccionista tenía varios para escoger, y elegí un condón de ONE sabor bubble gum. Debo decir que lo saqué sin mucha expectativa, ya que la mayoría de las veces los condones con sabor suelen tener aromas muy suaves, si son buenos logran aplacar el aroma a látex, y los sabores en general suelen ser sutiles. Pero esta vez, para mi sorpresa, al abrir el envase, de pronto el tiempo se detuvo. El aroma me transportó a mi colección de esquelas y mi rostro hundido en mi esquela favorita; me transportó al primer Loly, al primer Goyac, al primer Bowling y al primer Bonbonbum. Al instante ya me encontraba colocando ese suculento condón con mi boca, y es que no podía perder oportunidad de chupetear semejante manjar. Se la empecé a chupar a mi pareja como si no fuese mi pareja, sino una paleta gigante de sabor caramelo de fresa. La boca se me hacía agua como se me hacía agua chupar esas paletas de antaño. Varias veces introduje su pene hasta el fondo de mi garganta sólo para que el sabor rebalsara toda mi boca. Varias veces también me quedaba tranquila lamiendo sólo la punta porque desde allí penetraba con más fuerza el aroma a mi nariz.

No sé cuánto tiempo estuve. Sólo recuerdo que mi pareja me preguntó en algún momento que si acaso estaba bien, que si acaso quería seguir. Recuerdo que entre suspiros me dijo: “Me re-volé un momento con como me la estás mamando… ¿Querés seguir?”. Ni siquiera le dirigí la mirada, alcé mi mano para callarle la boca, y se la seguí chupando.

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